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LA GUITARRA FLAMENCA DE HOY

Hoy la guitarra flamenca goza de un prestigio y difusión internacionales evidentes .Es practicada por miles de guitarristas, con profesionales reconocidos y consolidados en los cinco continentes (Cano y Torres, 1996, pp 124-125).Constituye una especialidad discutida por gran parte de los aficionados, quienes, por falta de cultura musical en otros géneros que no sean el flamenco, suelen menos valorar o simplemente desconocer, cuando no despreciar, el impresionante papel intelectual de catalizador de música ágrafa del guitarrista flamenco. Sin embargo, el estudio sistemático de esta guitarra, desde los primeros acompañamientos hasta los solos actuales, permite encontrar una serie de constantes que se repiten a lo largo de la historia como la utilización del modo frigio (modo Dórico griego) o modo de Mi, con cadencias especiales llamadas andaluzas, o nota Mi en pedal, en la primera cuerda al aire, debido a la afinación particular de la guitarra etc.
Durante muchos años la guitarra no se excedió jamás de su misión de acompañar al cante El tocaor se dedicó simplemente a mantener el ritmo y a seguir el cante procurando que el sonido de las cuerdas se acoplase lo mejor posible a la voz .Así ha sido desde su incorporación al cante en el siglo XIX hasta sobrepasada la mitad del siglo XX.
Quizás este papel permanentemente secundario es lo que hizo que D.E.Pohren escribiera en 1962:
“El guitarrista es el héroe anónimo del flamenco”.
La verdad es que, de entonces acá, las cosas han cambiado bastante. El guitarrista, ansioso quizás de protagonismo o de compartir al menos las mieles del éxito -fama y dinero- se arriesgó a adoptar una postura nueva, con un mayor grado de participación Es lo que “Molina y Mairena” dieron en llamar “tendencia coloquial”, es decir una actitud más activa, más relevante del tocaor en la que la guitarra -sin abandonar su misión fundamental de acompañar al cante - se manifiesta al mismo tiempo con más personalidad, entablando una especie de intercambio dialéctico con el cante. La guitarra pugna por colocarse a su altura, no como un elemento secundario sino más bien como copartícipe, como un complemento primordial que, al cincuenta por ciento, sostiene, con la voz, la copla.
Naturalmente los puristas acérrimos rechazan este afán progresivo de la guitarra quizás porque no olvidan y con razón - que, en el principio fue el cante. Es decir que la guitarra vino después y detrás y que nunca debe pasar de ahí. A este respecto Molina y Mairena dicen:
“Naturalmente que al cante sólo convienen tocaores penetrados de su misión, que es la de acompañar y nada más. Toda desorbitación o aspiración que rebase este papel es injustificable”.
Sin embargo, el empuje avasallador de la guitarra ha sido incontenible y hoy nos encontramos en una fase nueva. Los guitarristas no sólo pretenden hacerse escuchar tanto como los cantaores sino que, en cuanto pueden se emancipan y se convierten en concertistas independientes. La gran aspiración de todo guitarrista flamenco hoy es alcanzar la perfección y el relieve necesarios para tocar solo, dar conciertos y grabar discos olvidándose de los cantaores. Es, quizás, la consecuencia lógica de tantos años de ostracismo y oscurecimiento. Es como la rebelión de los sometidos que aspiran a su propia libertad.
Gracias a unos intérpretes formidables que impusieron su innegable magisterio, la guitarra ha ido evolucionando no sólo en técnica sino también -y más aún - en su papel a desempeñar. Con media docena de escasa de grandes figuras se ha conseguido, primero, la evolución y, después la revolución .Todo ello debido fundamentalmente, a las guitarras de Patiño, de Javier Molina, de Ramón Montoya, de Paco de Lucía, de Manolo Sanlúcar ….
¿qué va a pasar a partir de hoy? Es difícil predecirlo .Desde que 1975 el Teatro Real de la Ópera de Madrid abrió sus puertas por primera vez para un concierto de guitarra flamenca, las cosas variaron por completo .Paco de Lucía sentó el precedente. A partir de ahí puede esperarse todo Si en la segunda mitad del XIX Tárrega consigue que la guitarra española sea reconocida como instrumento de concierto abandonando y superando el concepto plebeyo y vulgar que se tenía de ella ,también ahora asistimos a la sublimación y estimación de la guitarra flamenca como instrumento de concierto. Paco de Lucía primero y Manolo Sanlúcar después prendieron la mecha. Tras ellos, toda una serie de guitarristas pugnan por alcanzar el reconocimiento y la gloria.
¿Peligra con ello el futuro del guitarrista flamenco? Posiblemente sí por dos razones fundamentales:
a: El afán desmedido de protagonismo y el exceso de la propia supervaloración que están llevando a cabo casi todos ellos a no tener más meta que la de tocar solos, prescindiendo del cante.
b: La subestimación que hoy supone limitarse a acompañar el cante (cuando además el cante se acompaña hoy de otros muchos instrumentos ) hace que, en la mayoría de los casos, los guitarristas toquen de forma rutinaria, sin personalidad, limitándose a contar con la técnica necesaria. La ilusión en la mayor parte de los casos, se ha perdido. La ilusión por acompañar. No sienten el cante como vehículo fundamental al que hay que dar apoyo con la guitarra y aspiran sólo a independizarse.
Sin embargo, confiamos en que las aguas vuelvan a su cauce, de manera que la fiebre independentista se sofocará aceptando la inmensa mayoría que a la cumbre sólo llegan los muy dotados y por otra parte recuperarán la satisfacción de sentirse imprescindibles colaboradores del cante.
Destacaremos también el aspecto rítmico de los toques elaborado a partir de la utilización de la guitarra como instrumento de percusión, con el rasgueado como otra “esencia” con frecuentes medidas asimétricas que confieren al género cierta complejidad. La guitarra actual que trabaja cada vez más soportes rítmicos como el cajón o el tacón, está desplazando los acentos de las formas flamencas, creando un verdadero juego de síncopas sobre estos acentos, hasta llegar al toque en contratiempo de la generación actual .También se trabaja los aspectos polirrítmicos del flamenco superponiendo dos toques: ritmo de siguiriyas con el de bulerías, fandangos de Huelva con el de soleares, tanguillos con el de alegrías, etc. Estas dos tendencias actuales, que están provocando una verdadera explosión al interior del compás (ciclos rítmicos característicos de cada forma flamenca), reflejan también el peso de la guitarra en la
evolución del flamenco, a la vez que subrayan su riqueza y posibilidades rítmicas. Podemos añadir que el cajón, o los cajones (por que ya se trabaja con dos cajones) han propiciado la expresión de un nuevo fraseo en el flamenco, tanto en el cante, el baile como en la guitarra.
Tal y como hemos podido apreciar en este repaso a la historia del flamenco, ésta se encuentra sujeta a las modas que a lo largo del tiempo se han ido imponiendo, si bien al final ha permanecido la esencia y el carácter con que desde el principio apareció, circunstancia que, en mi opinión se hace premisa, para seguir su camino en su lógica
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"Cuando escucho en tu guitarra
un cante por soleá
oigo en mi alma un silencio
que es música de verdad".
"Música tan de verdad
que las estrellas se callan
para poderla escuchar".
JOSÉ BERGAMÍN |
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